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El número 1 francés venció por 3-6, 7-6 (5), 6-4, 2-6 y 6-4, colocando a los anfitriones con ventaja de 2-0 en las semifinales

Aún bajo el impacto de la derrota y la lesión de Pablo Carreño, a Roberto Bautista le tocó la tarea de intentar detener la marea francesa, desatada tras la impresionante reacción de Paire. Cabizbajo, abatido, Carreño había comentado en rueda de prensa que la recaída de la lesión en el aductor del muslo izquierdo, dolencia que le obligó a retirarse en la segunda ronda del Abierto de Estados Unidos, se produjo en el comienzo del segundo set y que le fue minando hasta dejarle casi sin movilidad en determinados desplazamientos. Comentó también que es baja casi segura para un hipotético desenlace el domingo. [Narración y estadísticas (3-6, 7-6 (5), 6-4, 2-6 y 6-4)]

El castellonense no anduvo lejos de conseguir el resultado que lleva tiempo esperando en la Copa Davis, pero un inconsistente Lucas Pouille acabó encontrando el camino para vencerle en tres horas y 40 minutos. Con esta victoria, Francia queda a un solo punto de la final. El sábado, salvo cambios de última hora, serán Nicolas Mahut y Julien Benneteau quienes se midan en el partido de dobles con Feliciano López y Marc Granollers. Sin Nadal, ahora sin Carreño, y con 2-0 abajo en el marcador, España está al borde del precipicio.

Se incrementaron las responsabilidades de Bautista ante Lucas Pouille, el número 1 francés, ganador este año en Montpellier y finalista en Marsella y Dubai, lugar, éste último, donde perdió ante el hombre que tenía al otro lado de la pisa. Sin acusar el impacto de la derrota de Carreño, Bautista se fue pronto en el marcador y consolidó su ventaja al convertir la cuarta pelota de set. Jugador coriáceo, difícil de desbordar, de los que suelen complicar los planteamientos de los entrenadores, el número 26 del mundo dejó claro a Pouille desde el principio que debería exponer mucho si pretendía colocar a Francia con un 2-0 en la semifinal.

Lejos del estereotipo

Decepcionante en Marbella, en octavos de final, donde consintió que el británico Cameron Norrie, entonces 114º del mundo, le levantase dos sets, ganase el primer punto y complicase un cruce que acabó resolviendo, no sin apuros, Albert Ramos, e incómodo en Valencia, en cuartos, frente a Alemania, sin protagonismo ante la presencia de Nadal y Ferrer, tenía una buena oportunidad de reivindicarse sobre una superficie en la que se desenvuelve mejor que la mayoría de sus compatriotas. De golpeo plano, directo, Bautista escapa del estereotipo del jugador español.

Arrinconado en la zona del revés, sometido al continuo percutir de su rival, Pouille no encontraba la forma de jugarle. Resistió, no obstante, en el segundo set, y creó cinco pelotas al resto para ganarlo, todas ellas neutralizadas por un Bautista firme, sobrio, decidido a completar su plan. Sin embargo, el francés, guiado por destellos, se manejó mejor en el desempate y convirtió el octavo punto de set, igualando el partido a un parcial.

Notables aptitudes

Pouille, 19º en el ránking, es uno de esos tenistas de cuya carrera se espera más, en particular después de su victoria ante Nadal en los octavos de final del Abierto de Estados Unidos de 2016. Su estatus no se ha consolidado en proporción a unas notables aptitudes, que no consigue plasmar con la regularidad que impone la alta competición. Fue a través de chispazos, como logró desembarazarse de Bautista, que no logró consolidar la reacción apuntada en el inicio del tercer parcial.

Del 3-0 de ventaja se vio pronto haciendo frente a dos bolas de set adversas en el noveno. Las salvó y detuvo la sangría de cinco juegos consecutivos perdidos. Quedaba aún otro escollo: volver a romper el saque de su rival. Con el pabellón casi repleto, en pleno hervor, la hinchada local, impecable en su comportamiento, sin un solo pero que oponer, se aprestaba para celebrar la victoria en el tercer set. Sufriría Pouille, pues, si en el primer parcial precisó de ocho, aquí le hicieron falta otros cinco puntos de set hasta lograr el objetivo.

Reaccionó Bautista, ganó el cuarto y apareció con mejor cara en el quinto. Pero el francés, héroe en Génova ante Italia en cuartos, donde venció a Seppi y Fognini, encontró la recompensa rompiendo en el noveno juego y haciéndose con el triunfo en el tercer match point, para júbilo de los 26.000 espectadores que casi colmaron el Stade Pierre Mauroy.

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